Sobre la hojarasca

El latido de tu corazón comienza a sofocarte. Sientes los violentos martillazos en el pecho. Tratas de controlar tu respiración, pero por más que te esfuerzas se te escapa del cuerpo como bufidos estruendosos y delirantes. Contrólate. Respira profundo. Tranquilo. Sin embargo, cualquier intento por serenarte naufraga en la excitación y el nerviosismo. Estás totalmente exasperado. Caminas lentamente con tus sentidos agudizados. Todos los sonidos estallan con una nitidez increíble en tus oídos. Comienzas a creer que estás haciendo mucho ruido y aún te quedan diez metros por recorrer para estar a buena distancia. Y tu aliento como una tormenta, y tu palpitar como un terremoto. Mas nada truena como la hojarasca bajo tus pies, bajo tus botas. Eres un cazador. Caminas lentamente sobre la hojarasca. Cinco metros más por recorrer. Debes llegar a esa roca grande para poder mampostearte. Y llegas. Y ahí está… con toda su belleza y esplendor, imponente, ocupando todo el universo y absorbiendo toda la existencia. Lo vislumbras detenidamente, casi perplejo; te desconcierta tanta inmensidad y hermosura. Por un instante olvidas la impetuosa fogosidad. Luego apuntas.

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domingo, 28 de febrero de 2016

No se deje engañar por el animalista, escuche al cazador


El animalista, hablándole como le habla una madre boba a un bebé, besa el hocico del perro. Y el can, con su lengua infestada de bacterias y heces, le llena los labios al vegano de saliva animal. Mientras tanto, allá afuera una madre besa por última vez al niño que murió de hambre, desnutrido. Debido a que no hay suficiente proteína para alimentar a la humanidad. Pero eso al amante de los animales parece importarle poco. Lo que pareciera ser que celebra, es que ha desaparecido del orbe una boca más, una amenazadora y glotona boca más, que pudiera comerse una vaquita o un pollito o un cerdito del mundo. Porque los adoradores de los animalitos pueden sentir afecto por esas criaturas y no empatía con la gente. Le recitan poemas a sus gatitos, los arrullan con tarareos de melodías de cuna, mas rugen con sus inquisidoras voces contra el hombre llano y que va a pie o a caballo. Son fundamentalistas del neo veganismo, que adoran a las bestias sin haber estado en contacto con ellas. Y ahora quieren que todo mundo comparta su enferma y trastornada zoofilia radical. Quieren imponernos su galanteo obsesivo por los animales.

Así que absténganse cándidos y simplones de caer en la trampa de los fulleros del color verde. Prestidigitadores de las emociones, estos nigromantes urbanos lejos de querer engañar los sentidos de sus espectadores, buscan enredar los sentimientos de los más ingenuos de los peatones. Al igual que sus similares, estos magos ecologistas también usan conejitos y palomas para su performance. Sin embargo, lo que los distingue del resto de los ilusionistas, es que a los que me refiero no desaparecen al animalito, sino que lo iluminan para que los aspectos más tiernos de la criatura sean exaltados y toquen las fibras más sensibles de los idiotas que atestiguan el espectáculo, para que así, embaucados con el espejismo, se traguen la charlatanería animalista y olviden su esencia humana.

Lo peor de todo es que esta moda, esta quimera de atizar los derechos fundamentales de los animales —¡haga el canijo favor, estimado lector!—, ha comenzado paulatinamente por devenir moda y amenaza con convertirse en idiosincrasia de la clase media del siglo veintiuno. Por eso no han sido pocos los mañosos y oportunistas legisladores que han lucrado políticamente con el cariño febril de unos cuantos por los animales. Consecuentemente, los pillos y sagaces políticos que integran el Poder Legislativo han intentado prohibir la fiesta brava, los circos con animales, la cacería, la charrería, los zoológicos e incluso la equitación. En algunos casos, dichas prohibiciones han prevalecido. Y consumada la prohibición, la clase política voltea la página, pasa a otro tema e ignora los desastrosos efectos secundarios de sus ignorantes y dañinas leyes animalistas: cirqueros desempleados; toros de lidia sacrificados; leones, tigres y elefantes abandonados.

Resulta ridículo, bochornoso, que en un país donde queda tanto por hacer y trabajar en materia de Derechos Humanos, nuestros diputados y senadores pierdan el tiempo legislando falacias tales como reconocerle derechos a los animales, ya que es evidente que más bien se trata de un tema de obligaciones de los ciudadanos; como verbigracia la obligación de respetar y no maltratar a ninguna especie animal. Obligación que es fundamental dentro de una sociedad moderna. Sin embargo, entre estar obligado a respetar a los animales a reconocerles el derecho a la vida hay una inmensa brecha de lógica que separa estos dos aspectos. Y aunque, suponiendo sin conceder, todos los seres vivos gozaran del derecho fundamental a la vida; inconcusamente dicho derecho por ningún motivo se ponderaría sobre el derecho a la vida del que sí gozamos los seres humanos. Por consiguiente, proyectos de leyes prohibitivos que pretenden acabar con el aprovechamiento sustentable de la fauna atentaría en múltiples áreas geográficas, políticas y sociales en contra del derecho a obtener alimentos mediante la caza, por dar un ejemplo.

Si bien lo expuesto anteriormente podría interpretarse filosóficamente como discriminación por especie, también denominada especismo; no obstante, es importante que, tal y como lo menciona el reconocido ecólogo, el Dr. Gerardo J. Ceballos, Investigador Titular de tiempo completo del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México, “es necesario hacer una evaluación de la cacería desde un punto de vista técnico, de modo que resulte lo más objetiva posible. Para esto, se tiene que hacer a un lado la parte filosófica. De pronto es fácil calificar cualquier actividad humana como ‘buena’ o ‘mala’, y está bien. Pero tenemos que entender que la posición filosófica no corresponde a la técnica o científica”[1]. Y esto último es un problema que se manifiesta con frecuencia en el momento en que se entablan debates en torno a la caza: se confrontan por un lado la postura del animalista, basada principalmente en cuestiones morales o sensibles; y por el otro lado la posición del cazador, asentada en razones económicas, lógicas, científicas. Consiguientemente, salta a la vista que lo que aviva la llama animalista en el pecho de los verdes es básicamente la ignorancia y su sensibilidad.

El problema de la afectividad y el sentimentalismo de los amantes de los animales, es que esta emoción ha opacado y desplazado su facultad para socializar o sentir empatía por sus semejantes los hombres. Es por esto que se alarman y se inquietan ante la violencia en contra de las bestias, pero reaccionan con más rudeza y brutalidad contra los humanos que por medio de su sapiencia aprovechan de estas criaturas para el beneficio de la sociedad. El verde tiembla de indignación por la sangre derramada por el toro de lidia, y en ese carmesí líquido y ardiente encuentra motivos para desear la muerte y el sufrimiento al torero, un hombre, tan hombre como el más falso ecologista, incluso más hombre que aquél.

Cuando el verde despotrica contra la cacería o la pesca, ignora los provechos y las gracias de la proteína animal. También hace caso omiso del hambre que tanto aqueja a la humanidad. Problemática que bien podría ser menguada en nuestro país mediante la caza regulada.

En México, año con año, se tramitan cintillos para que dentro de las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre se aprovechen alrededor de 60,000 venados cola blanca. Sin embargo, debido a que aún no se regula de manera contundente la caza en este país, dentro de rancherías, ejidos y comunidades rurales se extraen de manera ilegal hasta 240,000 ejemplares de este cérvido [2]. Esto se traduce en circa 15,000 kilogramos de carne orgánica, limpia de hormonas, sin antibióticos, de animales libres y sanos— a $150.00 pesos el kilo, haga usted la cuenta si supiéramos aprovechar esto—. Lo que a su vez significa que además de la derrama económica que deja la actividad cinegética en las zonas marginales del país, los campesinos, ejidatarios y comuneros, mediante el aprovechamiento extractivo sustentable del venado obtienen proteína y recursos para la alimentación de sus familias y mejora de sus condiciones de vida. Esto concientiza a que decaigan prácticas de cacería furtiva y genera interés en el cuidado y conservación del odocoileus virginianus, que por consecuencia implica la preservación del ecosistema en donde este ciervo habita.

La cacería legal ha logrado revalorizar la fauna silvestre. El turismo cinegético ha dotado de valor pecuniario a las especies que son susceptibles a ser aprovechadas para su caza. Gracias a ello, animales como el venado cola blanca, el venado bura, el venado temazate, el puma, aves como el guajolote o las codornices representan para los terratenientes de sus hábitats naturales un negocio. Un negocio interesante y fructífero, por lo que se avocan al cuidado de estas especies, para que acudan cazadores al área a pagar por poder darles caza. Para la realización de estas cacerías se requieren guías, choferes, taxidermistas, cocineros; es decir, la caza también genera empleos. Así que se conforma un circulo virtuoso en el que la cinegética fomenta la conservación, el desarrollo económico y sustentable, empleos y mejora las condiciones de vida de las personas que viven en las zonas donde se puede cazar, que suelen ser las más pobres del país.

Dicho lo anterior, si no tuviésemos una clase política mentecata y frívola, holgazana y oportunista, tendríamos programas como la Cruzada Contra el Hambre, pero en lugar de repartir choco-roles, gansitos, papitas y donitas, abasteceríamos de carne de caza a las comunidades más necesitadas los cazadores y gobiernos locales en conjunto.

Pero no solamente la politiquería facilona y esa chusma simbolizan un obstáculo. El mayor de los atascos está personificado en el pazguato que anda a paso lento, con las manos en los bolsillos, con la cara grasa recubierta de una barba rala e incipiente, que lleva en los labios resecos un cigarrillo y en los oídos sucios sus audífonos coloridos que se acomodan en su espeso y casposo pelo. Ese tipejo que en su vida ha respirado el aire limpio de las sierras o ha sumergido sus manos en el agua helada de un arroyo, también representa un reto para la conservación de las especies. Porque cautivado gracias a las fotografías de bosques y montañas que sirven como salvapantallas de su computadora, se considera un ecologista consumado y convencido. Y porque adora a su bulldog francés, se llama a sí mismo un animalista radical, predicador de la izquierda mugrosa y artificiosa de los verdes. Esos ambientalistas del Facebook o del Twitter, rijosos y persecutores en el mundo virtual que sueñan con amarrarse a un árbol, son los que pretenden acabar con lo que queda virgen del planeta y con nuestro derecho a disfrutar de esas hermosas tierras.

No veo al ecologismo adulterado de los neo veganos derramar tres millones de dólares en Baja California. Tampoco veo una derrama económica de parte de los animalistas de cincuenta millones de dólares en Sonora. O que los vegetarianos gasten en restaurantes especializados seis millones de dólares en Nuevo Laredo, Tamaulipas. ¿Así que qué están haciendo ellos por el planeta?

En conclusión, ignoren los alaridos de los animalistas. Nunca antes el que hizo más ruido ganó el debate. Escuchen los argumentos y hagan caso a la lógica. Los animalistas echan mano en reiteradas ocasiones a falacias, al argumentum ad baculum, queriendo imponer su opinión mediante el amedrentamiento, el lenguaje soez, la violencia física y verbal, las amenazas, la bravata, la fuerza en general, de alguna u otra manera—cargada de diversos modos—. Y la falacia más común que usan es el argumentum ad passiones, que consiste en apelar a las emociones del interlocutor, adversario o auditorio, en su caso. ¿Por qué? Porque los argumentos que esgriman en casi todas sus intervenciones van enfocados en alarmar, en tocar fibras sensibles. Éstos van nutridos de sentimientos y dirigidos para generar a su vez sensiblerías. Pero en ningún momento usan argumentos válidos. Jamás apelan a la lógica. Por eso es que pobre animalito, es que mataste a un ser vivo, es que no te había hecho nada cuando le arrancaste tu vida, es que no tienes derecho a matarlos. Todo esto forma parte del cuerpo de una gran falacia: la cacería es mala. Por consiguiente, es importante que los cazadores argumentemos siempre de manera lógica, con nuestras premisas bien organizadas, para poder convencer y defender en todo momento nuestra postura: la cacería no solamente representa un derecho, sino que también es una necesidad. Una eventual prohibición de la caza regulada vulneraría nuestros derechos como ciudadanos y cazadores; y peor aún, significaría una terrible terrible transgresión contra los avances en materia de conservación de fauna silvestre y preservación de ecosistemas que se ha logrado gracias al fomento y los beneficios de la actividad y el turismo cinegético.

A crear conciencia.



[1] Tomado de Caza deportiva en México: ¿matar para conservar o maltrato animal?, de Paola Ramos Moreno. En http://www.sinembargo.mx/04-10-2015/1465792 Ciudad de México, a 22 de febrero de 2016. 11:33 AM.
[2] Villarreal, G., J.G. Guía de campo para el cazador responsable de venado cola blanca. Octava edición. Consejo Estatal de Flora y Fauna Silvestre de Nuevo León, A.C., Et. Al. Monterrey, Nuevo León, México. 11- 13.

lunes, 4 de enero de 2016

Cacería en Zacatecas y comentario sobre el programa Justicia Para Todos


José Guadalupe Luna Vázquez

Estimado administrador de Cazando Sobre la Hojarasca, Lic. Humberto Enoc Cavazos Arozqueta, quisiera compartir estas fotos en la página de Facebook, son de mi más reciente aventura cinegética en la UMA Mahoma en el ejido homónimo, en el municipio de Mazapil en el estado de Zacatecas, que tuvo como resultado dos excelentes cola blanca de la región; sendos ocho puntas, por lo que la cacería fue un éxito; aunado a esto quisiera felicitarle a usted y a su compañero por el buen debate en el programa Justicia Para Todos, de lo cual quisiera comentarle algunas observaciones:

Primeramente la comparación que hacía aquel hombre animalista entre la esclavitud y el manejo de la vida silvestre es desacertado. Hay que dejar en claro que una cosa fue la esclavitud en la historia antigua y otra cosa el mercado negrero después del descubrimiento de América.

En la época antigua, aunque se llevara el título de esclavo, se podía trabajar, tener propiedades y eventualmente ganarse la libertad. Esto pasó en Roma, en Egipto, y en los propios reinos africanos como Malí, Benín, Luba y otros más en donde la esclavitud era algo más parecido a la servidumbre moderna. En resumen, aunque fueran esclavos se las trataba como seres humanos. Caso contrario pasó en el mercado negrero que nació, se estableció y se abolió en Estados Unidos, y con él el racismo que conocemos hoy en día. Los colonos blancos “animalizaron” a los nativos y a las personas de raza negra para justificar su expansionismo; cabe resaltar que esta es la razón por la cual no hubo ningún tipo de mestizaje en los Estados Unidos de América, pues al concebir a los nativos como animales, mezclar su sangre con ellos era impensable. A diferencia de nuestro país, donde el mestizaje se dio casi de inmediato.

Los datos del mercado negrero y las ideologías de los colonos blancos las puede consultar en el muy buen libro La otra historia de los Estados Unidos, de Howard Zinn. Es muy curioso el pensar que antes se animalizaban a las personas y que hoy hay personas que humanizan a los animales.

Otro punto es el argumento de las teorías de los criminólogos que utilizaba aquel señor. Tanto usted como yo sabemos que para poder comprar un arma en la defensa nacional, se pide como requisito una carta de antecedentes no penales, así que se puede constatar, que ningún cazador en la República mexicana tiene antecedentes penales; así que, ¿qué tendría que decir aquél señor animalista al respecto? Obviamente él desconoce este dato, siguiendo este mismo punto, aquel señor dijo expresamente que el maltrato animal “está presente” en personas propensas al crimen; pero yo cuestiono en qué momento pasa de “estar presente” a “ser la causa” de una conducta criminal. Asimismo, tampoco se podría tomar el caso de un desequilibrado mental, para poder argumentar que la caza crea criminales. Es decir, yo no quiero saber de Hannibal Lecter, yo quiero saber de la persona normal que le gusta la cinegética o que va a los toros y si ésta realmente es propensa a la violencia o al crimen.

Considerando la cuestión de los permisos de armas para los cazadores que cité arriba no parece factible.

Tengo un gran amigo que es apasionado de los toros y él se dedica a dar terapia del lenguaje a los niños. ¿Cuánta violencia puede haber en ayudar a los niños a articular bien? Es decir, lo que argumentaba ese señor, no se ve ni en cuestiones técnicas ni yo lo veo en mi vida diaria, es por eso que no lo considero factible.

El tercer y último punto que quiero comentarle es, como usted mismo acertadamente lo mencionó, que los argumentos del señor sólo eran sentimentales: es que les va doler, es que los matan; y cosas por el estilo. En ese punto del debate me parece que la cuestión es, a decir verdad, muy sencilla: este tipo de personas hacen lo que en la cacería no se hace: ven la muerte del animal con morbo, pero la cacería no se hace por morbo, la cacería no es ninguna carnaza. Eso es lo que no entienden, y de hecho después de reflexionarlo, se llega a la conclusión de que todo el argumento de estas personas significa contar verdades a medias según su conveniencia (la urbanización es la principal causa de extinción de especies, pero eso nunca lo dicen, por ejemplo). Por eso apelan al morbo de las personas para obligarlas a pensar como ellas. Por ello yo quisiera conocer su opinión como abogado ¿cuánta validez tiene en realidad apelar al morbo como argumento?, o es acaso que constituiría una falacia ad baculum. Me encantaría conocer su opinión.

Por último, quiero hacer de su conocimiento que estoy trabajando en un escrito que ponga los puntos sobre las íes en la cuestión del ecoturismo y el turismo cinegético, los alcances, limitaciones y características de cada uno; tengo la bibliografía, tengo la estructura, sólo estoy en espera de un buen momento de ocio para poder redactarlo, y claro, pedirle el gran favor de que me ayude a publicarlo en su blog.

Sin más por el momento, se despide de usted deseándole un feliz año 2016 lleno de aventuras cinegéticas su amigo,


José Guadalupe Luna Vázquez

Fotografías



martes, 27 de mayo de 2014

Carta abierta a Senador de la República por Ley Anti Caza



Querido Mario Delgado Carrillo:

Hace poco me enteré que el "caso Lucero" te "inspiró" a empezar a trabajar en una iniciativa cuyo propósito ha de ser erradicar la caza en todo el territorio nacional. Cuando leí sobre esto no puedo negarte que sentí decepción.

Tú eres un senador carismático y popular. Estuviste a punto de ser candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal; y por lo tanto, por poco fuiste Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Por eso, y entre otras cosas que te iré exponiendo, me sorprendió tu declaración sobre intentar prohibir la cacería en nuestro país.

¿Por qué?

En primer lugar, porque, seamos sinceros, lo tuyo no fue otra cosa que el afán de montarte en el tren de la moda, de lo actualmente "trendy" en redes sociales. Eres un hombre sumamente preparado académicamente; fuiste un buen Secretario de Finanzas y mejor Secretario de Educación del DF; eres un hombre de ciudad, urbano, que jamás ha demostrado tener un acercamiento con la naturaleza ni ha manifestado posturas ambientalistas. Por eso te pregunto: ¿tu anuncio sobre una posible Ley Anti Caza fue fomento conservacionista u oportunismo legislativo?

Me cuesta encontrar sustentos ecológicos detrás de tu nueva empresa. Nada más veo politiquería, una oportunidad para jalar reflectores a poco tiempo de tu Primer Informe.

Por otro lado, tú como hombre de izquierda y que alega contar con una conciencia social sólida, deberías saber que la caza, gracias al sistema de UMAS (Unidades de manejo para la Conservación de la vida silvestre) y cintillos, deja una importante derrama económica en municipios marginales mediante el turismo cinegético. Pues podrás imaginarte que la cacería se practica en zonas rurales donde la pobreza es la única triste realidad. Sin embargo, el cazador paga sumas considerables por poder abatir una pieza. Esto último genera empleos y mejora las economías de las familias que cuentan con extensiones territoriales pobladas de fauna silvestre regulada y permitida para cazar.

Especies como el venado cola blanca, estimado senador, evitan la deforestación de montes por el valor pecuniario que tiene este animal para los terratenientes, rancheros, ejidatarios, comuneros. Para todas estas personas resulta demasiado provechoso vender, mediante cintillos, los venados que habitan en sus terrenos. Claro está que solamente los machos adultos y la cantidad excedente por la cual SEMARNAT les otorgue facultades de aprovechamiento económico.

Así las cosas, los hombres y mujeres que cuentan con tierras preponderan la subsistencia de la fauna silvestre que la del ganado, por resultar aquella más benéfica en sentido monetario. Esto sucede gracias a que existen cazadores dispuestos a pagar por cazar legalmente cualquier especie de cérvido que habita en la República.

En relación con los borregos cimarrones, la cantidad de esta especie de borrego salvaje se multiplicó por miles desde que volvió a permitirse su caza. Hay personas que pagan desde 30 hasta 150 mil dólares por abatir un cimarrón en los estados donde cuentan con permisos para cazarlos. Estas cantidades de dinero motivaron a la gente a que cuidara y conservara a estos animales. Si se prohibiera su caza, a causa de la falta de educación que impera en las zonas rurales, la importancia del también llamado musmón se desvanecería instantáneamente.

Ojalá y antes de empezar a trabajar en tu iniciativa, querido Mario, te dieras una vuelta, visitaras, más bien, algunas UMAS extensivas. Así podrás hablar con las personas que ahí viven y trabajan. Entonces verás que no se tomarán nada bien tu noticia, tu proyecto. Dejarías a miles sin empleo y sin ingresos. A todos los que dedican su vida a esta actividad, considerada para muchos deporte, para otros necesidad o pasión. Mas lo que resulta indudable, es que el universo que engloba a las actividades cinegéticas es amplio y complejo. Te recomiendo con todo respeto que lo conozcas antes de querer prohibirlo.

El prohibicionismo nunca será la solución para nada. Creo alguna vez te escuché decir algo parecido cuando te manifestaste a favor de la legalización de la marihuana.

Te mando un cálido y respetuoso abrazo,