Sobre la hojarasca

El latido de tu corazón comienza a sofocarte. Sientes los violentos martillazos en el pecho. Tratas de controlar tu respiración, pero por más que te esfuerzas se te escapa del cuerpo como bufidos estruendosos y delirantes. Contrólate. Respira profundo. Tranquilo. Sin embargo, cualquier intento por serenarte naufraga en la excitación y el nerviosismo. Estás totalmente exasperado. Caminas lentamente con tus sentidos agudizados. Todos los sonidos estallan con una nitidez increíble en tus oídos. Comienzas a creer que estás haciendo mucho ruido y aún te quedan diez metros por recorrer para estar a buena distancia. Y tu aliento como una tormenta, y tu palpitar como un terremoto. Mas nada truena como la hojarasca bajo tus pies, bajo tus botas. Eres un cazador. Caminas lentamente sobre la hojarasca. Cinco metros más por recorrer. Debes llegar a esa roca grande para poder mampostearte. Y llegas. Y ahí está… con toda su belleza y esplendor, imponente, ocupando todo el universo y absorbiendo toda la existencia. Lo vislumbras detenidamente, casi perplejo; te desconcierta tanta inmensidad y hermosura. Por un instante olvidas la impetuosa fogosidad. Luego apuntas.

lunes, 14 de agosto de 2017

Cacería de Dagestan tur en el Cáucaso II


Segunda parte

La neblina se hacía cada vez más espesa. En cuestión de segundos nos vimos envueltos y acorralados por una niebla densa, impenetrable, que se antojaba como un tipo de oscuridad blanca, brumosa. Detuve mi caballo. Éste cada vez se sentía más nervioso. Porque conforme más perdíamos visibilidad, los ladridos de los perros se escuchaban con más fuerza y violencia. Era terrible escuchar aquella iracunda jauría sin poder ubicarla. Todo eran gruñidos y aullidos a nuestro alrededor. Pero teníamos que avanzar, cortar el cejo, seguir adelante, ascender a las cumbres del Cáucaso, antes de que la noche lo dominara todo. Porque de lo contrario, la fiereza de los canes no iba a ser el único peligro al que nos enfrentaríamos, sino a uno mucho mayor: a un ascenso a oscuras.

Poco a poco fuimos dejando a los feroces perros pastores detrás. Asimismo, una ligera y fresca llovizna comenzó a caer ligeramente sobre nosotros. Y como acto divino, un céfiro gélido se llevó aquella impertinente nube consigo. De esta manera, con la vereda despejada y con las montañas frías y silenciosas adornando el horizonte que teníamos de fondo, iniciamos el final de nuestro camino. La temperatura comenzaba a caer, y ninguno de nosotros iba bien abrigado. Por eso la cabalgata se silenció finalmente. Ya nada más amenizaba el ambiente el ruido que hacen los cascos de los caballos al caminar.

El último tramo consistió en descabalgar al pie de una loma de laja y piedras, y comenzar a subir jalando cada quién a su caballo. 

Una vez arriba, guías y cazadores comenzamos a montar nuestro campamento remoto, consistente en cuatro tiendas de campaña. Una vez montado, los guías se encerraron en la suya, y Felipe, Juan Fernando y yo nos quedamos platicando bajo las estrellas. Todo era expectativa, emoción, nerviosismo y entusiasmo. No queríamos enfundarnos en nuestras bolsas de dormir sin desahogar antes toda la agitación de la víspera del inicio de la cacería.


Creíamos que nos iban a sacar algo para cenar. Sin embargo aquella noche no cenamos. Luego de imaginar en voz alta y hasta el cansancio cómo se desenlazaría nuestra aventura, Felipe se retiró a su tienda, mientras que Juanfer y yo nos dirigimos a la nuestra. Quién iba a suponer que el día siguiente iba a amanecer como amaneció.

 

La primera mañana nos sorprendió a todos con un aguacero. Nuevamente no había visibilidad. Una niebla empapada y fría lo cubría todo. Esto significaba quedarse en la tienda de campaña, esperar a que el cielo se despejara, para poder intentar salir en busca de un tur. Y eso hicimos: tomamos te en silencio, expectantes, comimos galletas y esperamos. Esperamos una, dos, tres, y hasta cuatro horas; pero todo se mantenía igual: nada. La neblina se aferraba en permanecer, en ocultarlo todo.


Abatidos decidimos quitarnos las botas y resguardarnos del frío y la lluvia en nuestras casas de campaña. Sin embargo, una de estas, la de Felipe, tenía un problema: una gotera. Así que momentos después de meternos en nuestras tiendas, Felipe, ‘El Padrino’, acudió a pedirnos posada; la cual, como buenos cristianos, Juan Fer y yo, dimos; mas no sin antes usar la magullada y agujereada como bodega de nuestras mochilas, rifles, maletas, y demás parte de nuestro equipo.

Las horas pasaron y el clima se negaba a mejorar. Por consiguiente, no quedaba otra cosa que hacer más que aguardar en nuestras sencillas moradas. El trío de amigos acabamos por acomodarnos en la pequeña tienda de campaña, y agazapados aprendimos a dejar de contar los minutos. Sabíamos que de nada iba a servir desesperarnos. Por eso decidimos matar el tiempo contándonos chismes, historias, anécdotas de cacería. Hablamos de viajes pasados, e imaginamos viajes futuros; también comentamos sobre nuestros restaurantes favoritos, lo que parecía una especie de masoquismo, pues imaginar filetes jugosos, tacos, tortas ahogadas, un plato de pozole, dentro de una casa de tela, en medio de una tormenta, en donde un pedazo de salami constituye un manjar, no es otra cosa que infligirse uno un autocastigo psicológico terrible.

De pronto les dije, miren, y saqué de mi camiseta un collar. Me lo regaló Graciela. Cada pieza que cuelga tiene distintos significados. Por ejemplo: esto es un colmillo de madre perla, adornado con la efigie de un león. El felino tiene que ver con el signo zodiacal de mi futura esposa, que es Leo; y significa que con su fuerza me protege. Ahora, chequen este otro; es un cuarzo, y está revestido con incrustaciones célticas; vean las cruces, son símbolos de guerra y caza; y por último, este trébol, que en el centro muestra una especie de cruz. La idea es que para fortalecerlo, debo rezar el Padre Nuestro y el Ave María. Son los mantras que debo repetir para darle vida a este amuleto de la buena suerte. Así que voy a rezar mis mantras, para que todos tengamos buena suerte. Pero antes, padrino, ¿me enseña el Padre Nuestro y el Ave María?


El sueño nos venció y los tres dormimos una larga siesta. Cuando despertamos, ya no llovía. Apresurado abrí la puerta de la tienda y miré hacia afuera. Buenas noticias. Un viento fortísimo arrastraba a las nubes colina abajo. Como si los mantras hubiesen funcionado, una fuerza brutal despejaba el cielo con energía. Y nosotros felices aplaudíamos al azul del cielo. Lástima que fuera tarde; ya no daba tiempo de salir a cazar; pero si la presión se mantenía igual, el día siguiente iba a ser de cielos despejados y de un sol resplandeciente.

Cuando la ventisca se calmó, frente nosotros se extendió un lago de nubes. Parecía como si el valle que teníamos a nuestros pies fungiera como la cama de todas las nubes de Azerbaiyán. El paisaje lucía hermoso: cielos de un azul que se extinguía; estrellas que poco a poco comenzaban a encenderse; del mar de nubes brotaban picos, cumbres, rocas enormes, el Cáucaso. Y un silencio delicioso se instauró en las montañas. Por eso dicen que nubes en el valle, cazador en la montaña; nubes en las montañas, cazador en la cabaña, me dijo mi padrino, que contemplaba a mi lado el espectáculo de imponencia y belleza, boquiabierto, como yo.


El buen clima se mantuvo. Cuando apuramos la última taza de te, coincidimos en que si el cielo seguía tan estrellado a altas horas de la noche, lo más seguro es que la mañana siguiente amanecería igual. Incluso, recuerdo haber salido de mi tienda a orinar en la madrugada y sobre mi cabeza, en el firmamento, aún brillaban millones de estrellas. Terminando mis necesidades humanas, me volví a meter a la bolsa de dormir, recité mis mantras en silencio, y dormí tranquilo y profundamente. Sabía que al despertar sería un nuevo día.

Cuando desperté, constaté primero que nada que mis compañeros aún dormían. Para no despertarlos, me salí en silencio del sleeping bag y abrí con cuidado el cierre de la puerta de la tienda para asomarme y ver el clima. Horrorizado vislumbré una pared de niebla. No se veía a quince metros de distancia. Maldije y mis amigos despertaron. Vale madres, volvió a amanecer de la chingada, hermanos, les comenté a modo de buenos días. No mames, contestaron. Sí, miren, asómense. De la chingada. Igual o peor que ayer.

 

A pesar de la poca visibilidad, la humedad y la desilusión, Felipe, Juan Fernando y yo nos preparamos para salir. Con botas de cacería puestas y bien abrigados, disfrutamos de un frugal desayuno consistente en te y galletas. 

 

Al poco tiempo, volvió a soplar el viento; y por consiguiente, el cielo amagó con demostrarse. Esto nos entusiasmó tanto a nosotros, como a los guías, que comenzaron a alistarse. Todo indicaba que el segundo día de cacería vería acción. Eso nos reanimó y nos emocionó a todos. Por fin íbamos a cazar en el Cáucaso; finalmente tendríamos una oportunidad real de ver al mitológico dagestan tur, el trofeo considerado por muchos como el más difícil de cazar en el mundo. 


 

Poco tiempo después, los guías, entre señas, nos indicaron que nos íbamos, que sacáramos cualquier tontería de la mochila, y los siguiéramos. Así iniciaba el primer ascenso.


Cuando llegamos a una cordillera, los dos guías principales nos dividieron a Juan Fernando y a mí en un grupo, y a Felipe con el otro guía y un aprendiz de guía, en otro. Eran dos guías, dos aprendices de guía, y Magamet, que fungía como cocinero y aprendiz de guía al mismo tiempo. Juanfer y yo salimos con tres azerbayaníes, Felipe con dos. Nos deseamos la buena suerte, le mentamos la madre al América, y se inauguró formalmente la cacería de tur en Azerbaiyán.


Arrancamos descendiendo por una especie de escalera natural conformada por piedras lisas. Posteriormente, atacamos una cordillera de pasto y fuimos a dar a una enorme ladera de grava que se desplegaba casi hasta donde nuestras miradas llegaban. Cuando estábamos por llegar al punto donde convergen la piedra y el cielo, el guía principal nos pidió agacharnos y detenernos antes de llegar al filo. Hicimos lo que nos indicó y arrastrándonos con parsimonia nos posamos junto a él. Cuando me vio llegar, me señaló hacia abajo, donde un grupo de treinta tur pastaban tranquilos. En ese momento mi corazón y mis nervios amagaron con tronar. 

 


Continuará.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Cacería de Dagestan tur en el Cáucaso


Primera parte

Qué fácil es decir que no vas a rezar, que el mar es reflejo del cielo y que muchas de las estrellas pierden su encanto porque distan mucho de ser polvo de luz. Hay quienes dicen que incontables astros no son más que apagados fulgores, extintos desde hace millones de años atrás; y no obstante seguimos recibiendo su resplandor por la distancia que nos separa de ellos. Pero, ¿qué más hay allá arriba? ¿Más allá del firmamento? Allá hacia donde dirigen sus brazos quienes se dejan caer de rodillas y suplican al infinito bondades y dádivas. Es muy sencillo sentenciar, responder, sin previa reflexión. No hay nada. Hay un Dios. Hay diversos dioses. A continuación un remedo de testimonio, un intento de narrar, de transcribir de cierta forma, un diálogo con—quizás— un Dios. Sucedió en el Cáucaso, en sus montañas, cuando vislumbré sus precipicios.

 

Resulta imposible describir la sensación de vértigo y terror que me embargaban mientras caminaba sobre las declives del Cáucaso; la pendiente del terreno me obligaba a recargarme en un bastón improvisado, en un palo de madera, en el cual me recargaba para inclinarme en el sentido de la cuesta. Y entonces clavaba la estaca; y luego, utilizándola como remo para impulsarme, me encaminaba a mi destino; a veces con paso titubeante, otras veces con paso firme. Pero cuando vacilaba, el rugir de la grava y el traqueteo de las rocas, ese sonido que hacen cuando ruedan, cuando caen, me helaba el corazón. Porque el miedo es frío. Y el horror gélido provocaba escalofríos cuando se amalgamaba con el ardor de las piernas, con el calor de los músculos y el fuego abrasante en la planta de los pies; y es que el camino en la montaña siempre es largo, casi interminable; con la única diferencia de que en estas serranías no podías detenerte a tomar un respiro, pues parar ocasionaba que la grava se venciera; y entonces comenzaba uno a deslizarse con parsimonia y espanto hacia el vacío, hacia la muerte.


Tener la muerte a mis pies me obligó a realizar una profunda introspección. Fue entonces cuando vi ahí, en lo más hondo de mi ser y de mi conciencia, los vestigios de mi vieja fe. No eran cenizas ni se habían reducido mis otrora creencias religiosas a rescoldos o ascuas. Aún quedaba de éstas un remanente palpable, tangible. De tal forma que me así de las ruinas de mi religión para superar el terror; y comencé a conversar, con una voz casi inaudible, primero conmigo, luego con algo— ¿alguien?—más. En ese momento decidí que lo que escribiría al respecto, no sería una ópera, ni habría escenas mías hincándome ante la cruz; pero damas y caballeros, si esto no es mi Parsifal, bien podrá asemejarse a un remedo del mismo. Y mientras tecleo estas palabras, escucho: Parsifal, WWV 111: Act III: Prelude, de Richard Wagner, Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin, Marek Janowski. Ahora pienso que este será uno de los relatos de caza más febriles que escribiré en mi vida.

Todo empezó mucho antes del siete de julio de dos mil dieciséis. Como el inicio de todas las expediciones cinegéticas, éste se había comenzado a gestar en los sueños y anhelos de conocer el Cáucaso de quienes años más tarde lograríamos emprender el viaje que nos llevaría a dichas montañas. En la cacería se habla de que los inicios de cada caza se fraguan de manera paulatina en la concepción del viaje, primero; en el momento en que se elige el equipo, después; y comienza a devenir desarrollo en la ejecución de la expedición en sí. A principios de julio, Andrés, Armando, Juan Fernando, Felipe, mi padre, mi hermano y yo arribamos a Azerbaiyán, país en el que buscaríamos en sus escalofriantes y hermosas montañas a los míticos dagestan tur. Muchísimos meses antes, todos y cada uno de nosotros habíamos soñado en que ese día llegaría. Y por fin llegó.

Volamos a Frankfort, Alemania, donde pasamos la noche. Al día siguiente, temprano, abordamos un nuevo vuelo de Lufthansa que horas más tarde aterrizó en Bakú, capital de Azerbaiyán. Bakú es una ciudad extravagante. Si bien aún se siente cómo deambulan por sus calles los fantasmas de un cacicazgo que duró una eternidad; no obstante, en sus fachadas, restaurantes, atractivos turísticos, empieza a respirarse un aire de renovación y modernidad. Eternamente lamida por las aguas del Mar Caspio y situada en la costa sur de la península de Absheron, Bakú ofrece a los turistas construcciones tanto decimonónicas y antiguas, como futuristas e innovadoras. Por las noches, las luces que alumbran el centro de la urbe, tiñen de colores vívidos los edificios y el cielo. La noche en que arribamos, Alemania y Francia se disputaban el pase a la final de la Eurocopa 2016. Los franceses vencieron a los teutones por la mínima, y nosotros los mexicanos, terminando el juego, nos fuimos a dormir. Al día siguiente comenzaría la cacería.


El día ocho de julio a las diez de la mañana nos dirigíamos en dos automóviles con dirección al Cáucaso. Fue un trayecto de casi cinco horas, que culminó en una explanada verde, bañada por un arroyo y sobre la cual se podían atisbar diminutas construcciones que servían de hogar para los habitantes de ese pequeñísimo poblado. Las montañas decoraban el paisaje. Éstas lucían vitales, filosas, en partes duras y en otras suaves, como si en algunas zonas de sus laderas se hubiesen plantado jardines verticales.

Descargamos los vehículos y desplegamos el equipo sobre el pasto. Tocaba esperar a que un ajado vehículo militar de carga, construido durante los años de la Unión Soviética, nos trasladara al campamento base. El trayecto sería de alrededor de una hora.

  


Tras el incómodo y zarandeado ascenso, arribamos a una pequeña cabaña. Dentro de ésta, una mesa servida con pepinos, pimientos, jitomates, quesos, carnes frías, aguas, cervezas y refrescos, nos invitaba a tomar un refrigerio. No sin antes saludar a todos los guías del lugar. Eran por lo menos diez, más el intérprete y el cocinero, casi todos jóvenes, sonrientes, entusiastas. Todo indicaba que el servicio que recibiríamos durante la semana en el Cáucaso sería de primer nivel.

 

Comimos las verduras, bebimos un poco de agua y cerveza, y rematamos con un estofado de tur. Posteriormente, hicimos la digestión entre sorbos de te negro y una agradable conversación sobre las expectativas entorno a nuestra expedición cinegética.

Afuera hacía calor. Un sol intenso bañaba de luz unas montañas adornadas con rocas afiladas y flores amarillas. Por lo demás, el cielo se antojaba de un azul eléctrico, que maridaba bien con la calidez del sitio y su colorido. El Cáucaso es bello. Hoy me acuerdo de sus desfiladeros verdísimos, de sus cañadas y gargantas de grava gris y polvo. Pero parecía que el clima iba a ser un problema. Sobre todo por las altas temperaturas que amenazaban con acompañarnos durante la cacería.


Terminamos de comer y salimos a checar los rifles. Todos hicimos uno o dos tiros, para cerciorarnos que las miras siguieran apuntadas, a pesar del largo viaje. Afortunadamente, todos los rifles se desempeñaron a la altura de las circunstancias.


Ahora sí venía lo bueno. La división en grupos. Tres campamentos, dijo el traductor. Dos de ellos a alrededor de cuatro horas a caballo. El otro, el más cercano, a una hora a pie. ¿Cómo se quieren dividir?


Mi padre dijo que él prefería caminar una hora, que cabalgar durante tres o cinco. Mi hermano, lo mismo. Yo, como tenía parte de mi equipo en la mochila de Felipe, tenía forzosamente que acampar con él. Así que al final, mi papá, Adrián y Andrés volvieron a abordar el camión soviético, que los llevaría un par de kilómetros arriba, y de ahí tendrían que ascender caminando al punto donde montarían el campamento remoto. Por nuestra parte, Juan Fernando, Felipe y yo, cargamos los caballos con nuestro equipo, y nos enfilamos a las cumbres. Armando marchó solo a otra cabaña, de donde intentaría dar caza a un grupo de turs que tenían ubicados.


Desde que nos despedimos todos, comencé a sentir nervios; fue un nerviosismo delicado, sutil, que me acompañó desde que monté mi caballo, hasta entrada la tarde que ascendimos por encima de las nubes que comenzaban a empapar los valles. Recuerdo que bordeamos el arroyo, que serpenteaba entre las montañas. Y mientras recorríamos la angostura, la sensación de ansiedad se hacía más intensa. Quizás me sentía intimidado por las empinadas serranías, por volver a estar en presencia de ese ser magnífico, de roca y tierra, que roza las nubes y se forma con el agua y el viento, que es la montaña. En Alaska me había premiado, en Pájaros Azules, no. ¿Cómo se comportaría conmigo en Azerbaiyán? Estaría por verse.


El golpeteo de los cascos de mi caballo al caminar comenzó a arrullarme. Poco a poco, conforme dejábamos atrás los árboles y el río, comenzaba a relajarme. A pesar de que las cimas envueltas de niebla se antojaban fantasmagóricas y siniestras, la proximidad con las cumbres me producía una agradable sensación de alivio.


Disipada la angustia, sintiéndome a salvo de caer presa de una inexplicable congoja, empecé a sonreír y a bromear con mis compañeros de cacería, que, como yo, venían batallando con su caballo. Porque después de una vereda que zigzagueaba sobre una colina inclinadísima, nuestros corceles empezaban a piafar y a mostrar signos de cansancio.


De pronto la temperatura se desplomó. El ambiente se tornó húmedo, y un céfiro helado me erizó los vellos de la nuca. Yo no llevaba más que una camiseta puesta, y no pretendía detener la caravana para abrigarme mejor. Todo iba empacado, y frenarnos nos demoraría. Demorarnos significaba perder la luz del día para arribar a nuestro destino final y para montar campamento. Por tal motivo, tuve que aguantarme el frío y esperar que la cabalgata no se prolongara por mucho tiempo más. Y por si fuera poco, justo cuando el viaje comenzaba a hacerse menos violento, una neblina espesa lo cubrió todo, y a lo lejos comenzaron a sonar rugidos y ladridos escalofriantes de perros invisibles. Los aullidos y los gruñidos, que cada vez se escuchaban más cerca, de pronto se materializaron en enormes perros que rodearon a nuestros caballos. La jauría comenzó a perseguirnos, amenazando con atacar. Yo temía que nuestros potros se asustaran. Porque ya comenzaban a relinchar, amagaban con reparar. Fue entonces cuando supe que iba a ser un viaje de emociones fuertes. Tenía que empezar a rezar.

  



Continuará. 

viernes, 3 de marzo de 2017

Presidente del Club Safari de México, A.C. llama a la unión

La noche del dos de marzo del año en curso quedará en la historia del Club Safari de México, A.C. En primer lugar, porque por segunda vez en casi cinco décadas, la renovación de la mesa directiva se materializó de manera democrática, y no por aclamación, como se venía haciendo durante casi treinta años. Por otro lado, porque el nuevo presidente del club cinegético más antiguo de Latinoamérica es el dirigente más joven que ha tenido esta prestigiosa asociación. 

Por eso mismo, Cazando Sobre la Hojarasca felicita a Mario Alberto Canales Mijares por ser el nuevo y más joven presidente del Club Safari de México, A.C. Su trayectoria como cazador y conservacionista fungieron como motor y brío para que de su mano se lleve a cabo el relevo generacional en tan importante agrupación de cazadores. 

Asimismo, y tal y como Canales Mijares manifestó, desde ahora se trabajará para buscar una unión a nivel nacional para hacer frente a las adversidades que amenazan a la caza en México, y él se ofrece para encabezar las acciones que correspondan para ello. 

A la asamblea general ordinaria del Club Safari en la cual se votó para renovar la presidencia comentada acudieron personalidades del mundo cinegético como Jesús Yuren, Héctor Cuéllar, Hubert Thummler, Carlos Moreno, entre otros.

La nueva mesa directiva se compondrá de la siguiente forma:

Mario Alberto Canales Mijares, presidente.

Humberto Enoc Cavazos Arozqueta, vicepresidente.

Miguel Ángel Larregui Hernández, secretario.

Jesús del Olmo Hernández, tesorero.

Alfonso Caso, primer vocal.

Humberto Cavazos Chena, Pablo Pratz y Andrés Eduardo Santos Schroeder, como vocales.

Este blog se suma al llamado que hizo el Licenciado Canales. Y se compromete a apoyarlo en lo que sea necesario para defender esta febril pasión, que significa para todos nosotros la caza.

¡Muchas felicidades! ¡Buena caza a todos! Con cariño, de la edición de Cazando Sobre la Hojarasca.

martes, 28 de febrero de 2017

Carta a diputada que pretende prohibir la caza


Ciudad de México, a 13 de febrero de 2017

Dip. Ma. Victoria Mercado Sánchez
victoria.mercado@congreso.gob.mx

Edificio F
Tercer Piso
H. Congreso de la Unión 
Cámara de Diputados
Avenida Congreso de la Unión, número 66
Colonia El Parque
Delegación Venustiano Carranza
C.P. 15960
Ciudad de México

P R E S E N T E

Por medio de la presente, y con motivo de la INICIATIVA CON PROYECTO DE DECRETO QUE REFORMA, ADICIONA Y DEROGA DIVERSAS DISPOSICIONES DE LAS LEYES GENERAL DE VIDA SILVESTRE, Y FEDERAL DE ARMAS DE FUEGO Y EXPLOSIVOS, ASÍ COMO DEL CÓDIGO PENAL FEDERAL., que presentó en fechas recientes ante la H. Cámara de Diputados, me permito informarle los siguientes aspectos sobre la caza en México. Lo anterior, a causa de que su iniciativa tiene por objeto “[…] negar el registro de Unidades de Manejo para la Conservación de Vida Silvestre, cuando estas tengan por objeto la caza deportiva”.

De acuerdo a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en 1997, “[…] con el propósito de contribuir a compatibilizar y a reforzar mutuamente la conservación de la biodiversidad con las necesidades de producción y desarrollo socioeconómico de México, en el sector rural, se estableció el Sistema de Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre” [1].

Las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre tienen como propósito y objetivo la promoción de “[…] esquemas alternativos de producción compatibles con el cuidado del ambiente, a través del uso racional, ordenado y planificado de los recursos naturales renovables en ellas contenidos, frenando o revirtiendo los procesos de deterioro ambiental” [2]. Esta innovación se implementó para dinamitar las prácticas arcaicas de antaño, otrora tradicionales, anquilosadas en una visión anacrónica que subvaloraba lo concerniente a la materia ambiental, y por consiguiente en ese entonces se explotaban despóticamente los recursos naturales; se hacía uso inmoderado de los mismos; y/o, por otro lado, se empleaban modelos taxativos mal enfocados y peor desarrollados en la gestión de vida silvestre del país. Gracias a la consumación del SUMA, se erradicaron estas prácticas y en la actualidad se ha venido innovando día con día, logrando con ello la conservación y preservación de la fauna y flora nacionales, así como de los ecosistemas respectivos.

Las UMA no solamente han aportado a la conservación de la biodiversidad en México. Este esquema también ha atendido reivindicaciones sociales, pues gracias a este sistema se ha logrado traer desarrollo socioeconómico a las zonas rurales del país. Esto ha sido gracias a que las Unidades de Manejo Ambiental también fomentan “la diversificación de actividades productivas en el sector rural, basadas en el binomio conservación-aprovechamiento de los recursos naturales, logrando así: fuentes alternativas de empleo, ingreso para las comunidades rurales, generación de divisas, valorización de los elementos que conforman la diversidad biológica y el mantenimiento de los servicios ambientales focales que prestan al lugar y a sus áreas aledañas” [3].

Actualmente, en el territorio nacional existen registradas en el país 9,550 UMA, que abarcan un total de 33,150,547 Ha. Lo que se traduce en 331,595.47 km2. Considerando que la superficie total de la República mexicana es de 1,964,375 km2, eso significa que más del 10% representa predios, rancherías, ejidos o comunidades rurales registradas como Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre.

NÚMERO DE HECTÁREAS Y UMAS POR
ENTIDAD FEDERATIVA. REGISTRADOS EN LA DGVS
ENTIDAD                  SUPERFICIE en Ha                        # de UMAS
Sonora                                 3,843,433                                      540
Baja California                     2,446,740                                        37
Coahuila                              2,391,354                                      497
Baja California Sur               1,630,789                                        18
Nuevo León                          1,213,370                                      850
Chihuahua                           1,068,257                                        97
Tamaulipas                             719,929                                      630
San Luis Potosí                       450,937                                        76
Durango                                  358,770                                        70
Campeche                              350,870                                        53
Zacatecas                               257,837                                      142
Jalisco                                     229,806                                        68
Sinaloa                                   187,002                                        37
Michoacán                              156,258                                        64
Quintana Roo                          140,210                                        26
Guerrero                                  121,268                                          9
Oaxaca                                   114,372                                        16
Nayarit                                       86,945                                        11
Yucatán                                    62,794                                          9
Chiapas                                     45,407                                        23
Veracruz                                    30,179                                        29
Morelos                                     28,449                                        14
Puebla                                      28,326                                        34
Guanajuato                               25,383                                        11
Aguascalientes                          20,946                                        10
Estado de México                       8,458                                        21
Querétaro                                    5,671                                          3
Hidalgo                                       3,351                                        11
Tlaxcala                                      2,265                                          4
Tabasco                                      1,600                                          4
Distrito Federal                               802                                          2
Superficie Total:                16,031,778                                    Total de UMAS: 3,416

NÚMERO DE HECTÁREAS Y UMAS POR
ENTIDAD FEDERATIVA REGISTRADAS EN
LAS DELEGACIONE Y GOB. DE LOS ESTADOS
CON FUNCIONES DESCENTRALIZADAS.
ENTIDAD                            SUPERFICIE en Ha                       # de UMAS
Sonora                                 4,562,649                                    1114
Durango                               1,962,366                                      370
Chihuahua                           1,593,481                                      286
Coahuila                              1,447,369                                      356
Baja California Sur               1,050,387                                        81
Nuevo León                             800,896                                      890
Baja California                        795,698                                      212
Zacatecas                               735,168                                      140
Tamaulipas                             608,617                                      603
Sinaloa                                   488,005                                        67
Campeche                              445,906                                        48
Jalisco                                     390,344                                      218
Guerrero                                  345,550                                        36
Nayarit                                     343,373                                      101
Michoacán                              311,201                                      311
San Luis Potosí                       291,113                                        90
Oaxaca                                   207,209                                        85
Morelos                                   122,527                                        40
Colima                                    108,445                                        47
Yucatán                                    86,286                                      101
Puebla                                      84,871                                      107
Tlaxcala                                    68,533                                        56
Chiapas                                     67,627                                      385
Quintana Roo                            64,408                                        61
Veracruz                                    28,440                                      170
Hidalgo                                     24,989                                        55
Tabasco                                    23,135                                        34
Guanajuato                               19,570                                        16
Estado de México                     18,904                                        28
Aguascalientes                          14,909                                        13
Querétaro                                    6,793                                        13
Superficie Total:               17,118,769                                   Total de UMAS: 6,134

GRAN TOTAL: 9,550 UMAS
GRAN TOTAL SUPERFICIE: 33,150,547 Has. [4]

Hoy en día, gracias al buen trabajo que se ha realizado en las UMA a través de los años, en diversas áreas del noreste de la República se ha formado una sobrepoblación de venado cola blanca (Odocoileus virginianus texanus) [5]. Me refiero a los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. En estos tres estados se tiene registro de un total de 3,826 UMA, que implican 7,181,535 Ha.

La sobrepoblación de venado que se menciona en el párrafo que antecede, es fruto del control de depredadores; de la concientización sobre el cuidado al medio ambiente en zonas rurales; y gracias a que se han evitado otros factores que diezman las poblaciones de este ciervo, como la cacería furtiva, o costumbres como el consumo y el aprovechamiento indiscreto de la carne de cola blanca, reflejadas verbigracia en la tradicional elaboración de tamales de venado [6]. Todo esto es resultado y consecuencia del Sistema de Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre. Sin embargo, la proliferación de fauna, y muy en especial del Odocoileus virginianus texanus, puede traer consigo implicaciones negativas también, pues que se establezca una sobrepoblación de venados, “[…] afecta su hábitat, así como el estado físico de los venados, y promueve la propagación de enfermedades [7] que pueden afectar fuertemente las poblaciones” [8]. De resultas, es necesario que los terratenientes de los predios, de los ecosistemas, efectúen acciones con la finalidad de controlar las cantidades de esta especie de cérvido, y sin duda el mejor control para mantener la cohesión de estos animales de manera que ésta no supere la capacidad de la biota, es mediante el aprovechamiento extractivo sustentable y controlado del cola blanca.

Hoy en día, por medio de la caza deportiva practicada en diez mil UMA, se aprovechan de manera legal la cantidad estimada de 60,000 venados cola blanca machos al año [9]. Aunado a lo anterior, se calcula que se extraen y se aprovechan de manera ilegal 240,000 venados, tanto machos, hembras y crías, para el autoconsumo de cazadores furtivos o de subsistencia. Esta extracción ilegal se practica en los confines de más de treinta mil tierras ejidales, rancherías y comunidades rurales a lo largo y ancho de la República mexicana [10].

De las cifras arriba expuestas se desprende que anualmente se aprovechan en el país cerca de 300 mil venados. Esta cantidad de ciervos significa una producción cercana a 12 mil toneladas de cárnicos, tomando como promedio 40 kilogramos por venado. Si a esto le sumamos que el kilo de carne se podría vender en 150 pesos, estaríamos ante un mercado con un potencial de $1,800 millones de pesos mexicanos Ahora bien, tomando en consideración que hipotéticamente hablando, gran parte de estos cárnicos sería producto de una actividad ilegal, tendríamos que mejor restar la cantidad de venados y la mitad de su potencial económico en el mercado de carne. Así tendríamos un aprovechamiento de 165,000 venados al año, que producirían alrededor de 6,600 toneladas de carne, que a su vez se traduciría en un valor de mercado de $990 millones de pesos, tomando como base unitaria la cantidad de $150 pesos por kg [11]. Esto sin duda tendría diversas secuelas sumamente positivas, tanto en materia de medio ambiente, como en materia de desarrollo social y económico. Asimismo, permitiría y fomentaría el consumo de cárnicos más sanos; y del mismo modo, se podría aprovechar para uso de programas que combaten la desnutrición y la hambruna en nuestro país.

No obstante, para que lo anteriormente desarrollado pueda ser una realidad, antes se tiene que seguir trabajando en el Sistema de Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre, para que éste a su vez se siga desarrollando y siga avanzando. Queda todavía mucho por hacer en materia de regulación de las actividades cinegéticas; falta inversión para la promoción de éstas y concientización de los beneficios que la caza regulada trae consigo.

Así las cosas, es indubitable que la práctica de la cacería deportiva en el territorio nacional deviene desarrollo y progreso. Si bien, todavía la derrama económica que deja la actividad cinegética en nuestro país se antoja marginal al confrontarla con el total del ingreso por concepto de turismo en general, tanto doméstico, como internacional. Sin embargo, es importante señalar que con el pase del tiempo, el turismo cinegético ha venido ganando terreno; aunado a lo anterior, considerando las complicaciones económicas por las cuales atravesamos como nación, parecería irresponsable demeritar cualquier ingreso económico, por insignificante que parezca, que pudiera beneficiar a nuestro país. Por consiguiente, se insiste en que se debe seguir trabajando para que la industria de la cacería en México mantenga su crecimiento.

Para fortalecer lo dicho, se expone lo siguiente: en el año 2001, de acuerdo a un estudio elaborado por la Secretaría de Turismo y por REDES Consultores, con la participación de la Asociación Nacional de Ganaderos Diversificados, titulado “Estudio Estratégico de Viabilidad del Segmento de Turismo Cinegético en México”, en el año 2001 “[…]la derrama total del mercado de turismo cinegético en México se estima en un orden de magnitud de entre 140 a 155 millones de dólares”. Esta cantidad, de acuerdo al INEGI/SECTUR, BANXICO y REDES, representó entre el 0.15% y el 3.00% del total del ingreso total por concepto de derrama económica del turismo doméstico e internacional en dólares que en ese año ascendió a $59,538 millones de dólares [12].

Sin embargo, vale la pena mencionar que cuando se realizó dicho estudio, “[…] únicamente 1,200 UMAS de las 2,606 registradas en el territorio nacional contaron con permisos de aprovechamiento cinegético”. Lo que significa que en ese entonces solamente existían 2,606 UMA registradas, lo que representa cerca del 20% de las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre con las que actualmente contamos en el país. Es decir, de 2001 a la fecha se han registrado circa de 11,000 UMAS más de las que existían cuando dicho estudio fue elaborado. Por ende, se infiere que del mismo modo la derrama económica de turismo cinegético ha crecido en comparación con la que se generó a principios de siglo.

De acuerdo con el estudio en comento, la cacería conlleva a ciertas ventajas y múltiples efectos de las mismas, como los que a continuación se detallan:

VENTAJAS
EFECTOS
La dependencia directa que tiene la actividad cinegética de la fauna local, pone en evidencia la importancia de la protección y control de las especies y el hábitat en que se desarrollan.

Aprovechamiento y control de recursos.
La rentabilidad que producen las especies silvestres a través de su aprovechamiento cinegético, se traduce en una revalorización intrínseca de las mismas, y suscita una inversión voluntaria y fructífera en la preservación de la población existente, así como en la protección y mejoramiento de su hábitat.


Revalorización y reinversión en la conservación.
La actividad cinegética representa una alternativa para complementar los ingresos del sector agropecuario que se ha visto afectado en los últimos años por el incremento de la competencia y la pérdida de competitividad de los productos tradicionales.



Ingresos adicionales para sector agropecuario.
El turismo cinegético se realiza en zonas rurales, ofreciendo oportunidades de trabajo y aprendizaje a comunidades apartadas con escasas expectativas de desarrollo.

Mejoramiento de la calidad de vida de comunidades rurales.
La práctica del turismo cinegético se complementa con otros tipos de turismo (sitios arqueológicos, pesca, sol y playa, etc.), especialmente en el caso de los visitantes extranjeros. De esta manera la derrama de los turistas cinegéticos se distribuye entre una amplia gama de segmentos turísticos.


Complementariedad de la oferta turística.[13]

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Producto Interno Bruto Nominal se situó en $17,810,957 millones de pesos en el cuarto semestre de 2014, de los cuales, el sector avocado a la agricultura, cría y explotación de animales, aprovechamiento forestal, pesca y caza, generó $679,896 millones de pesos, que representan el 4% del PIB Nominal a valores básicos. Dentro de este sector, denominado Actividades Primarias, la caza, pesca y captura representan poco más del 3%, con un total de $14,624 millones de pesos generados en el cuarto trimestre de 2014. Por consiguiente, se desliga que, en primer lugar, la cacería es considerada una actividad primaria en México; en segundo lugar, la cacería, la pesca y la captura conforman una misma unidad para efectos de productividad económica en el país [14]; y, por último, por conformar este trinomio una esfera económica, no se le debe desmembrar.

Por otro lado, resulta importante destacar que según el INEGI, la agricultura, cría y explotación de animales, aprovechamiento forestal, pesca y caza generaron entre el año 2013 y 2014 188,935 empleos, mismo que, dada la naturaleza de los mismos, se crearon en sectores rurales, marginales y pobres del país [15]. Esto quiere decir, que este sector sin duda alguna representa una posibilidad y un impulso para mejorar la calidad de vida de ejidatarios, comuneros y campesinos en general, a lo largo y ancho de la República.

En conclusión, la cacería legal, regulada, deportiva, representa para México mucho más que un deporte. Es un modus vivendi para miles, un negocio y si sigue progresando devendrá industria como en otros países del mundo. Además, quienes se ocupan de este negocio que genera decenas de miles de empleos y miles de millones de pesos, son, en su mayoría, empresarios pertenecientes a la iniciativa privada o, en su casi, asociaciones civiles como ANGADI, las federaciones de caza y tiro, FEMECA y FEMETI, así como múltiples y diversos clubes de caza y tiro en todo el país. Por ende, se entiende que quienes se encargan de preservar los ecosistemas delimitados y protegidos por las Unidades de Manejo Ambiental, así como los que se ocupan de la conservación de la flora y fauna que tiene su hábitat natural dentro de estas tierras, son personas físicas o morales ajenas al gobierno. Consecuentemente, las repercusiones positivas en materia de desarrollo social y sustentable, así como los impactos económicos y en materia ambiental que genera la caza casi no requieren de la erogación del erario público. Casi toda la inversión que se hace en la industria cinegética es privada. No le cuesta a la gente; únicamente nos cuesta a los cazadores. Por eso la caza constituye un derecho para quien desee practicarla o dedicarse a ella. Un derecho regulado en la Ley General de Vida Silvestre.

Expuesto lo anterior, espero que luego de recibir esta información reconsidere su postura en torno a la caza en México, y se abra la oportunidad para iniciar un debate sobre este tema complejo y sensible.

A T E NT A M E N T E

Lic. Humberto Enoc Cavazos Arozqueta
Editor de Cazando Sobre la Hojarasca
Socio de Club Safari México, A. C.
Socio de la Asociación de Caza y Pesca del D.F., A. C.
Miembro de Safari Club International
Miembro de Safari Club International Capítulo Monterrey
Miembro de Wild Sheep Foundation
Afiliado a la Federación Mexicana de Tiro y Caza, A. C.
Afiliado a la Federación Mexicana de Caza, A. C.




[2] Íbid ídem http://www.semarnat.mx/temas/gestion-ambiental/vida-silvestre/sistema-de-unidades-de-manejo Ciudad de México, 24 de febrero de 2016, 17:32 horas
[3] Ídem.
[4] Dirección General de Vida Silvestre, dependiente de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, por conducto del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales. [Se anexa EXCEL]
[5] Alfonso Martínez Muñoz, José González Salinas, Et. Al. “La carne de venado en la dieta humana”. En CiENCiA UANL, Revista de divulgación cientofica y tecnológica de la Universidad Autónoma de Nuevo León http://cienciauanl.uanl.mx/?p=2961 Ciudad de México, 24 de febrero de 2016, 17:49 horas
[6] Cfr. Alfonso Martínez Muñoz, José González Salinas, Et. Al. “La carne de venado en la dieta humana”. En CiENCiA UANL, Revista de divulgación científica y tecnológica de la Universidad Autónoma de Nuevo León http://cienciauanl.uanl.mx/?p=2961 Ciudad de México, 29 de febrero de 2016, 17:01 horas
[7] Martínez Alfonso, Salinas A. Cantú, A. Et. Al. “Serosurvey selected disease agents in white-tailed deer from Mexico”. Journal of wildlife diseases. En http://cienciauanl.uanl.mx/?p=2961 Ciudad de México, 24 de febrero de 2016, 18:15 horas
[8] Ídem Ciudad de México, a 24 de febrero de 2016 18:33 horas.
[9] Cfr. Villarreal, G., J.G., 2014. Guía de campo para el cazador responsable de venado cola blanca. Octava edición. Consejo Estatal de Flora y Fauna Silvestre de Nuevo León, A.C., y otras Organizaciones. Monterrey, Nuevo León, México. En Alfonso Martínez Muñoz, José González Salinas, Et. Al. “La carne de venado en la dieta humana”. En CiENCiA UANL, Revista de divulgación cientofica y tecnológica de la Universidad Autónoma de Nuevo León http://cienciauanl.uanl.mx/?p=2961 Ciudad de México, 29 de febrero de 2016, 17:01 horas

[10] Villarreal, G., J. G. (1999). Venado cola blanca, manejo y aprovechamiento cinegético. Unión Ganadera Regional de Nuevo León, Guadalupe, Nuevo León, México.

[11] Cfr. Alfonso Martínez Muñoz, José González Salinas, Et. Al. “La carne de venado en la dieta humana”. En CiENCiA UANL, Revista de divulgación científica y tecnológica de la Universidad Autónoma de Nuevo León http://cienciauanl.uanl.mx/?p=2961 Ciudad de México, 29 de febrero de 2016, 17:44 horas
[12] SECTUR, REDES, Estudio Estratégico de Viabilidad del Segmento de Turismo Cinegético en México http://ictur.sectur.gob.mx/pdf/estudioseinvestigacion/segmentosyproductos/productos/Turismo_Cinegetico.pdf Ciudad de México, a 29 de febrero de 2016 18:43 horas.
[13] Ídem.
[14] INEGI. Producto Interno Bruto a Cifras Corrientes. Cifras durante el cuarto trimestre de 2014. http://www.inegi.org.mx/inegi/contenidos/notasinformativas/pib_precr/NI-PIBCR.pdf Ciudad de México, a 29 de febrero de 2016 19:23 horas.